La pagina de Radio Centenario

ARGENTINA
24-02-2026

La cuenta regresiva al 24 de marzo: el lento devenir hacia un golpe anunciado y el ocaso de un pa铆s al borde del abismo

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(Villa Elisa al Dia) Isabel Per贸n encabez贸 el acto del 17 de octubre de 1975, acompa帽ada por Esther Fadul de Sobrino, 脥talo Luder y Pedro Eladio V谩zquez

24-02-2026-H:11.42
Argentina vivi贸 su 煤ltimo mes de democracia, antes del alzamiento militar y el derrocamiento del gobierno de Isabel Per贸n, una gigantesca crisis econ贸mica e institucional. Sangre, fuego, desabastecimiento, inflaci贸n, divisiones en el peronismo, amenazas militares, conflictos gremiales y la atm贸sfera de un pa铆s en el que nadie -o casi nadie- pod铆a sospechar lo que suceder铆a 28 d铆as despu茅s


Por
Alberto Amato

Aquel pa铆s se derrumbaba por horas. Y con 茅l ca铆a tambi茅n el gobierno de Mar铆a Estela Mart铆nez de Per贸n, la heredera en el poder del general Juan Per贸n, que hab铆a muerto el 1 de julio de 1974. En febrero de 1976, seiscientos d铆as despu茅s de la muerte de Per贸n y un mes antes del golpe de Estado que instaur贸 la m谩s sangrienta dictadura militar en la Argentina, la suerte estaba echada. Para la presidente y para los golpistas que ya hab铆an echado a andar la infernal maquinaria que se abatir铆a sobre el pa铆s para dar origen al terrorismo de Estado.


Era un golpe anunciado. En la Nochebuena del a帽o anterior, en Tucum谩n, donde las fuerzas armadas enfrentaban a la guerrilla trotskista del ERP (Ej茅rcito Revolucionario del Pueblo) a la que se le hab铆a unido algunas fracciones de la guerrilla peronista Montoneros, el entonces comandante en jefe del Ej茅rcito, general Jorge Videla, futura cabeza de la dictadura, hab铆a dado en Famaill谩, escenario de crueles combates entre el ej茅rcito y la guerrilla, un dur铆simo discurso a sus tropas. Videla no era un maestro de la met谩fora, ni de la sutileza. Si bien no existe una versi贸n oficial de su discurso completo, en realidad fue una arenga, fij贸 un plazo de noventa d铆as para que el gobierno 鈥渢erminara con la subversi贸n鈥 y reafirm贸 la orden y la decisi贸n de 鈥渁niquilar el accionar de los elementos subversivos鈥, una frase que figuraba en el decreto presidencial que hab铆a puesto en marcha el Operativo Independencia en Tucum谩n. El plazo simb贸lico fijado por Videla venc铆a el 24 de marzo de 1976.


Entre otras cosas, dijo Videla aquel d铆a: 鈥淟a inmoralidad y la corrupci贸n deben ser inmediatamente sancionadas. La especulaci贸n pol铆tica, econ贸mica e ideol贸gica, deben de dejar de ser los medios utilizados por grupos de aventureros para lograr sus fines (鈥) El orden y la seguridad de los argentinos deben vencer al desorden y la inseguridad. (鈥) As铆 no cejaremos hasta el triunfo final y absoluto que ser谩, a despecho de injustificadas impaciencias o intolerables resignaciones, el triunfo del pa铆s鈥. Era una advertencia. Videla habl贸 en Tucum谩n cuando, a pocos kil贸metros del centro porte帽o y a un millar de kil贸metros de Famaill谩, ard铆an todav铆a los restos del combate de Monte Chingolo, en el que el ERP hab铆a intentado copar el Batall贸n de Arsenales 601 Domingo Viejobueno: un desastre que sell贸 la suerte de la guerrilla trotskista.


El poder militar no se qued贸 con las advertencias p煤blicas de Videla. En enero, los tres comandantes, Videla, el almirante Emilio Massera y el brigadier Orlando Agosti, hab铆an ido a Olivos la v铆spera de Reyes: Isabel Per贸n los hab铆a invitado para conversar sobre algo de lo que nunca se habl贸. Frente a la presidente, los tres jefes militares pasaron por alto los motivos que hubieran existido para convocarlos, y le exigieron de inmediato su renuncia. Empez贸 entonces una batalla verbal en la que los comandantes hablaron con feroz franqueza y actuaron con cierta brutalidad, en especial Massera, seg煤n confiar铆a luego la presidente.


Tres d铆as despu茅s, la tarde del 8, Isabel visit贸 por sorpresa al entonces nuncio apost贸lico, monse帽or P铆o Laghi, para relatarle el cruel di谩logo con los comandantes. Cinco d铆as m谩s tarde, el viernes 13 de enero, el entonces embajador de Estados Unidos, Robert Hill, junto al consejero pol铆tico de la embajada, Wayne Smith, visitaron en la nunciatura a P铆o Laghi, que les revel贸 su di谩logo con la presidente. Al d铆a siguiente, s谩bado 14, Hill inform贸 de todo al secretario de Estado, Henry Kissinger, en un documento, Priority 4122, del que se reproducen aqu铆 algunos fragmentos.

Los comandantes le exigieron a la presidente que renunciara 鈥減or el bien del pa铆s鈥. Admitieron que ninguno de los tres ten铆a intenci贸n de violar la Constituci贸n, pero que estaban bajo presi贸n de la oficialidad que 鈥測a no aceptaban a la Sra. Per贸n como presidente y quer铆an poner fin a la corrupci贸n de su gobierno鈥. La presidente 鈥渟e neg贸 rotundamente a renunciar鈥. Dijo que era la 煤nica peronista con respaldo para controlar la crisis del pa铆s y que si renunciaba, en dos meses habr铆a 鈥渦na crisis de desintegraci贸n total del gobierno y que los militares se ver铆an forzados a asumir el control directo. Y esto 鈥揹ice el documento del embajador Hill que dijo la presidente鈥 ser铆a desastroso para el pa铆s ya que favorecer铆a a los terroristas y volcar铆a el movimiento peronista hacia la izquierda. (鈥) La Sra. Per贸n dijo (a P铆o Laghi) que el almirante Massera us贸 especialmente un lenguaje muy duro. Le cont贸 que Massera dijo que los militares no tem铆an una lucha si esa era una de las consecuencias. La Sra. Per贸n cont贸 entonces que hab铆a dicho a los comandantes que tendr铆an que sacarla arrastrando de la Casa Rosada usando la fuerza f铆sica. Admiti贸 entonces haberse puesto muy emotiva y estallar en llanto (lo que hace a uno suponer que debe haber sido muy perturbador para Videla, altamente disciplinado y nada sensible).鈥 Hill no desde帽aba el sarcasmo en sus informes a Kissinger.


El embajador estadounidense no desde帽aba nada. Envi贸 al Departamento de Estado su di谩logo completo con el nuncio; el nombre de P铆o Laghi est谩 tachado en el documento de la Embajada, aunque deja en claro su identidad, lo que permite el acceso a otro dato vital: 鈥淪eg煤n (P铆o Laghi), que confirma una informaci贸n suministrada por una fuente peronista cercana a Ra煤l Lastiri, Pedro Eladio V谩zquez la hab铆a tenido a tanto nivel de drogas durante tanto tiempo que ella se estaba desintegrando mentalmente. Ella finalmente se habr铆a dado cuenta de esto sola, cort贸 las relaciones con V谩zquez e ingres贸 a la cl铆nica el 3/11 (de 1975) a fin de desintoxicarse鈥. El doctor V谩zquez, que hab铆a sido el m茅dico personal de Isabel y uno de los firmantes del acta de defunci贸n de Juan Per贸n, siempre se neg贸 a hablar de su paciente, amparado en el secreto profesional.

El pa铆s se debat铆a adem谩s en una gigantesca crisis econ贸mica y de desabastecimiento de productos esenciales. El entonces ministro de Econom铆a, Emilio Mondelli, que hab铆a jurado el 4 de febrero en reemplazo de Antonio Cafiero, esboz贸 un plan econ贸mico que fue rechazado por parte del sindicalismo aliado al dirigente textil Casildo Herreras, aunque recibi贸 el apoyo acaso t谩cito de otro l铆der gremial, el metal煤rgico Lorenzo Miguel. En un acto en la CGT, la presidente pidi贸: 鈥淢uchachos, no me lo silben mucho al pobre Mondelli鈥, ante una mueca resignada del ministro.

La sindical no era la 煤nica divisi贸n que exist铆a en el peronismo. Las m谩ximas autoridades del justicialismo exig铆an a la presidente que hiciera urgentes y decisivos cambios en su 鈥渆ntorno鈥, palabra que se puso de moda por esos d铆as: lo que reclamaba en suma el PJ era que Isabel Per贸n se desprendiera de la r茅mora del lopezreguismo, que todav铆a lastraba su accionar.

El otrora poderoso ministro de Acci贸n Social, Jos茅 L贸pez Rega, encumbrado por Per贸n, confidente de Isabel y cabeza de la banda terrorista de ultraderecha 鈥淭riple A鈥 (Alianza Anticomunista Argentina), hab铆a dejado el pa铆s en julio de 1975, despu茅s de que uno de sus protegidos, Celestino Rodrigo, liderara desde el ministerio de Econom铆a el primer gran plan de ajuste del siglo XX en el pa铆s: devaluaci贸n del cien por ciento, congelaci贸n de salarios y aumentos de tarifas de m谩s de ciento ochenta por ciento que deriv贸 en una inflaci贸n descontrolada y una enorme crisis social. Mondelli tambi茅n era un allegado a L贸pez Rega. Por el lado de la presidente, exig铆an al resto del justicialismo obediencia plena, verticalismo, hacia las decisiones de la viuda de Per贸n.

Guerrilla, sangre, fuego, crisis econ贸mica, desabastecimiento, inflaci贸n descontrolada, divisiones en el peronismo, amenazas militares, conflictos gremiales, como la huelga de panaderos de febrero de 1976, tomas de f谩bricas y hasta un frente abierto en el peronismo de la provincia de Buenos Aires entre quienes apoyaban a Isabel y el gobernador bonaerense Victorio Calabr贸, un dirigente de la UOM, antiverticalista enfrentado a la presidente, de quien se sospechaba incluso que estaba en contacto con los militares que planeaban el golpe. En medio de ese tembladeral lleg贸 el 24 de febrero, cuando faltaba un mes para el golpe y nadie lo sab铆a. O casi nadie.



El poder militar ten铆a decidido derrocar al gobierno de Isabel Per贸n. Para entonces, aunque tal vez la fecha no estuviese fijada, ya trabajaba en las sombras el equipo econ贸mico que iba a liderar Jos茅 Alfredo Mart铆nez de Hoz y, en los comandos militares, se dise帽aban los m茅todos a seguir para combatir a la guerrilla que se extendieron despu茅s en todo el pa铆s a delegados gremiales, militantes pol铆ticos, estudiantes, sacerdotes, m茅dicos, maestros, profesores, militares, abogados, periodistas, diplom谩ticos, intelectuales, deportistas y campesinos, y que consisti贸 en el secuestro, la tortura, el asesinato y la 鈥渄esaparici贸n鈥 de miles de personas, tal como reflej贸 la sentencia que en 1985 conden贸 a los jefes de las tres primeras juntas militares de aquella dictadura.

La presi贸n del poder militar intentaba, a veces con 茅xito, decidir el nombramiento de ministros y funcionarios. A inicios de febrero de 1976 Videla hab铆a hecho designar jefe de la Polic铆a Federal al general Albano Harguindeguy, que ser铆a luego su ministro del Interior. La intenci贸n con la que el gobierno justific贸 esa jugada en el tablero pol铆tico, si no fue una excusa, era colocar a un jefe militar al frente de la Polic铆a para que el Ej茅rcito asumiera la responsabilidad total de combatir a la guerrilla. El entonces ministro de Defensa, Jos茅 Deheza, pidi贸 a Videla una terna de candidatos. Videla se la dio con una recomendaci贸n: 鈥淪i de m铆 dependiera la decisi贸n, nombrar铆a al general Harguindeguy鈥. Y Harguindeguy fue jefe de la Federal.

En el gobierno no hab铆a renuncias y si las hubo no fueron aceptadas. El 19 de febrero todos los ministros se la presentaron a la presidente, que las rechaz贸. Las renuncias se daban donde se supon铆a que no deb铆a haberlas: cinco jugadores de River Plate, Leopoldo Luque, Juan Jos茅 L贸pez, Norberto Alonso, Daniel Passarella y Ubaldo Fillol, hab铆an dicho adi贸s a la selecci贸n que dirig铆a C茅sar Luis Menotti, presionados por la instituci贸n, por los hinchas, por lo que fuere. El 23 de febrero, el equipo nacional viaj贸 a Asunci贸n, el 25 vencer铆a 3 a 2 a Paraguay por la Copa Atl谩ntico, con un equipo de emergencia y la comprensi贸n del t茅cnico: 鈥淪i los jugadores renunciaron 鈥揹ijo Menotti鈥 yo no puedo hacer nada. La situaci贸n de ellos era muy dif铆cil y la comprendo. Habr谩n recibido todo tipo de presiones. Y al fin de cuentas, River es el empleador鈥. Esa comprensi贸n hubiese calzado de maravillas en otros 谩mbitos. Los argentinos que sospechaban o avizoraban una intervenci贸n militar sin imaginar sus terribles alcances, se preguntaban: si hab铆a golpe, 驴qu茅 pod铆a pasar con el torneo mundial de f煤tbol Argentina 78, que se iba a disputar en casa?

El martes 24 de febrero se conoci贸 el resultado de una 鈥渃umbre鈥 del peronismo celebrada el d铆a anterior entre la presidente, el Consejo Nacional del Justicialismo, la CGT, las 鈥62 Organizaciones鈥 y los presidentes de los bloques peronistas del Congreso: no hubo acuerdo. Fue una reuni贸n tensa. Entre l谩grimas, y por momentos muy nerviosa, Isabel Per贸n, que en ocasiones parec铆a incapaz de dominar sus emociones, critic贸 a la conducci贸n partidaria a la que acus贸 de 鈥渘o dejarme gobernar鈥.


La contraparte atac贸 al 鈥渆ntorno鈥 y a las figuras m谩s cercanas a la presidente; la dirigencia sindical se帽al贸 que la gran crisis econ贸mica amenazaba con llevar al pa铆s 鈥渁l borde del caos鈥. Advirtieron tambi茅n que s贸lo una dr谩stica reacci贸n del gobierno, que era lo que ped铆an a la presidente, pod铆a evitar el 鈥渞iesgo del quiebre constitucional鈥. Un dato revela la profundidad de la crisis en el justicialismo. El dirigente gremial del seguro, Jos茅 Genaro B谩ez, que era adem谩s vicepresidente del PJ, no pudo particip贸 del encuentro porque, seg煤n cont贸 en sus memorias Jos茅 Deheza, la presidente 鈥渙rden贸 al jefe de la Casa Militar, capit谩n de nav铆o Fern谩ndez, en mi presencia, que no permitiera la entrada a la Casa de Gobierno a ese individuo鈥.

鈥淟a presidente no respondi贸 al planteo justicialista鈥, titul贸 Clar铆n en portada el martes 24. Ese mismo d铆a, el ministro Mondelli envi贸 al Congreso un nuevo proyecto de presupuesto general que preve铆a un d茅ficit fiscal de treinta y tres mil billones de pesos, contra los dieciocho mil billones calculados por su antecesor, Antonio Cafiero. Las cifras figuran en La Conspiraci贸n, el libro de Juan Bautista Yofre que radiograf铆a aquellos d铆as dram谩ticos. En 1975, el ministro que hab铆a precedido a Cafiero, Alfredo G贸mez Morales, hab铆a calculado un d茅ficit de 鈥渟贸lo鈥 mil ochocientos billones, pero la inflaci贸n se lo com铆a todo. Los legisladores del MID (Movimiento de Integraci贸n y Desarrollo) que se hab铆an retirado de la alianza con el FREJULI (Frente Justicialista de Liberaci贸n) hab铆an avisado: 鈥淓l pa铆s se encuentra virtualmente al borde de la destrucci贸n del sistema monetario鈥. Al tiempo que enviaba el presupuesto al Congreso, Mondelli inici贸 negociaciones con el Fondo Monetario Internacional.

Ese mismo d铆a, martes 24, otra 鈥渃umbre鈥 celebrada el d铆a anterior qued贸 en total secreto. No era una cumbre pol铆tica, era militar. Los tres comandantes se hab铆an sentado alrededor de una mesa, en la 鈥渉abitual reuni贸n de los lunes鈥, sin que trascendiera nada de lo tratado, salvo el eufemismo que hablaba del 鈥渁n谩lisis de la situaci贸n nacional a la luz de los 煤ltimos acontecimientos鈥. Se hab铆an reunido despu茅s de que el viernes anterior, los altos mandos del Ej茅rcito debatieran a puertas cerradas durante doce horas.

Per贸n despidiendo en la puerta
Per贸n despidiendo en la puerta de la residencia a Ricardo Balb铆n. En el extremo superior derecho se ve el n煤mero de la casa (Revista Redacci贸n)
No hab铆a ninguna posibilidad de detener el golpe militar. D铆as antes, tal vez a inicios del mes, el l铆der radical Ricardo Balb铆n se hab铆a reunido en total secreto con Videla y con el general Roberto Viola, alma mater del dise帽o del plan represivo del Ej茅rcito. Los detalles de ese encuentro, otra cumbre a su manera, fueron revelados por Yofre en su libro. La entrevista se dio 鈥渆n la casa de Alberto Jes煤s 鈥淧iqui鈥 Gabrielli, Omb煤 3054, en Barrio Parque鈥. Con la cooperaci贸n del general Carlos Dalla Tea, y en total secreto, Videla y Viola llegaron a la cita con Viola al volante de un auto particular com煤n y silvestre. En febrero de 2006, Videla relat贸 a Yofre sus recuerdos de aquel encuentro y as铆 figura en La Conspiraci贸n:

Balb铆n: 鈥淕eneral, yo estoy m谩s all谩 del bien y del mal. Me siento muy mal, estoy afligido. Esta situaci贸n no da m谩s. 驴Van a hacer el golpe? 驴S铆 o no? 驴Cuando?鈥 Videla: 鈥淒octor, si usted quiere que le d茅 una fecha, un plan de gobierno, siento decepcionarlo porque no s茅. No est谩 definido. Ahora, si esto se derrumba pondremos la mano para que la pera no se estrelle contra el piso鈥. Balb铆n: 鈥淪i van a hacer lo que pienso que van a hacer, h谩ganlo cuanto antes. Terminen con esta agon铆a. Ahora, general, no espere que salga a aplaudirlos. Por mi educaci贸n, mi militancia, no puedo aceptar un golpe de Estado鈥.

El 24 de febrero, un mes antes del golpe, a las cuatro de la tarde, Balb铆n y otros dirigentes del Comit茅 Nacional de la UCR, entre ellos Ra煤l Alfons铆n, presidieron de alguna forma la reuni贸n del bloque de diputados radicales. Balb铆n habl贸 en tercer lugar y dijo que hab铆a hecho toda clase de gestiones 鈥減ara evitar una crisis que parece irreversible鈥, pero que no hab铆a encontrado eco favorable. Yofre evoca en su libro la versi贸n que, de esas palabras, le dio un legislador al peri贸dico 脷ltima Clave: 鈥淐uando lo escuch茅 a Balb铆n decir aquello de que 鈥榟ace a mi lealtad comunicarles que la decisi贸n militar ya est谩 tomada y es irreversible鈥 lo primero que atin茅 a pensar fue: 隆tr谩game tierra! Don Ricardo comet铆a un doble error pol铆tico: por un lado, la indiscreci贸n, y por el otro, se daba por vencido sin esperar el final de la pelea鈥.

Hasta la presidente sab铆a que el golpe ya era inevitable. Seg煤n cuenta el ministro Deheza en sus memorias, 驴Qui茅nes derrocaron a Isabel Per贸n?, 茅l mismo se lo hab铆a revelado, blanco sobre negro, el 18 de febrero: si no renunciaba, le dijo, el golpe era inevitable. Y la presidente respondi贸. 鈥淣o renuncio ni aunque me fusilen鈥.

Cuando cay贸 la noche del martes 24 de febrero de 1976, el ocaso, que a Borges le parec铆a conmovedor, amenazaba con otras sombras m谩s ominosas. Con todo, los argentinos buscaban un poco de distracci贸n. En el cine, hab铆a de todo: el portentoso drama de El Padrino II, con un sensacional duelo actoral entre Al Pacino y Robert De Niro; la comedia en manos de Peter Sellers y El regreso de la Pantera Rosa, y una de las pelis de moda que tambi茅n causaba sensaci贸n, Infierno en la torre: lo llamaban cine cat谩strofe.

En teatro, la oferta era ampl铆sima porque, como en todas las 茅pocas de grandes crisis, los porte帽os buscaban y buscan refugio en la cultura y en especial en el teatro. Sin embargo, lo que sobresal铆a en aquellos d铆as entre William Shakespeare y Jean Anouilh, era una pieza simple y divertida del teatro de revistas. Hac铆a referencia a una de las 煤ltimas concesiones que hab铆a hecho el gobierno peronista para aplacar el vol谩til humor militar y para demorar tal vez el golpe inevitable: las elecciones de 1979 se hab铆an adelantado a 1977, con lo que se reduc铆a en dos a帽os el gobierno de Isabel Per贸n.

As铆 que en el Teatro Astros, al 700 de Corrientes, tres entra帽ables disparatados, Alfredo Barbieri, su partenaire de siempre, Don Pelele y Juan Carlos Calabr贸 hac铆an re铆r a los argentinos anonadados y con pocas esperanzas con: 鈥淓ntre julepe y julepe llegaremos al 77鈥.

Pero no. No llegamos.
Infobae

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