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Ferroclub Central Entrerriano

RAMAL ELISA-SAN SALVADOR
16-10-2020

Marchando hacia el norte, rumbo a San Salvador


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(Villa Elisa al Dia) Alcantarilla destruida a 700 metros de ruta 130

2020-10-16-8:02
Marchando hacia el norte, rumbo a San Salvador
El kilometro 361, está a 63 de la estación Elisa. Hacia allí se dirigen los esfuerzos del Ferroclub de Villa Elisa nuevamente, cual es llegar a la activa estación San Salvador.


El sábado pasado, 10 de octubre, la locomotora Drewry, numero 10594, con sus 92 años encima, y miles de kilómetros marchados, paso después de 18 años, la ruta 130, y ella es otra vez la nave que enseña el camino, como lo hizo en 1994, hacia el sur y en 1995, en idéntico rumbo al que se intenta ahora.
De movida nomas, existen muchos más inconvenientes que hace un cuarto de siglo. Al paso del tiempo, se suman las socavaciones que nadie repara, porque el ferrocarril, nunca tuvo gente que lo defienda, hasta que aparecieron los Ferroclubes y aficionados.

Arboles y malezas que se adueñan de la traza, pasos a niveles con rieles muy torcidos, porque su alineación no interesa a nadie y alcantarillas, corroídas por el agua y abandono, son las primeras artes a intervenir.

A la salida de Villa Elisa, y a unos 700 metros de la Cooperativa Arroceros, calculado el kilometro 299,7, porque los postes de telégrafos también desaparecieron del lugar, la primera alcantarilla, realizada con los llamados caños Australianos, se encuentra partida en sus cabezales, y la parte metálica muy deteriorada y caída, donde aun se visualiza por las fotos, que una porción de agua sigue evacuando hacia el oeste.

Un camati de abejas muy furiosas, espera al distraído, a la salida de ese lugar, mas las ramas en galería, que son combatidas con las cadenas de las implacables motosierras para empezar a ver otra vez el camino por donde hace 10 años pasaran el Materfer y el Tecno Tren, en homenaje a la señora del último jefe, que inauguraba un sueño efímero.

Después un paso a nivel, con retorcidos rieles, a lo que siguen, un poco mas allá otras abejas esperan bajo un árbol, algún catango voluntario para atacarlo de improviso. Luego de un tramo plano y despejado, se llega a un lugar, donde el tiempo y los depredadores no se dieron cuenta, dejando todo tal cual; postes de telégrafos, alambrados y hasta el nomenclador 301, despojado de pintura pero intacto después de 108 años en el lugar de origen.

Otra vez un pequeño bosquecito sobre una falda de la vía, un paso a nivel algo tapado, y superando el otro sobreviviente poste y kilómetro 302, una socavación de 10 metros, que por ahora no permite proseguir a la nonagenaria mole escocesa.

Así es la vida del ferroviario por vocación y audacia, el que pese a todas las diatribas, insiste en creer que el tren no es un camino, si no, un destino, al que arribaron las naciones más avanzadas del mundo, y que aun, con los sinsabores y la indiferencia de la mayoría, se está mejor que los que lo hicieron solamente con sus manos, y precarias herramientas, abriendo senderos donde no había caminos, levantando terraplenes, haciendo puentes para superar las aguas, clavando postes para tender los hilos, y fijando durmientes y rieles, donde la carreta y el sulki, era la única existencia con movilidad de distancias. Las poblaciones esperaron al tren para formarse, después que la estación le fijo un nombre al paraje, y que luego se convertiría en pueblo; incansables trabajadores que sudaban de sol a sol para construir todo lo que hoy se intenta con esfuerzo incomprendido restaurar.

Quizás, la fuerza del espíritu de los catangos del ferrocarril, en tiempos de la nada misma, sea la sustancia que aun da fuerza a los perseguidores del sueño de trenes en el país que abandono los rieles , librandolos al rescate de ilusos quijotes.
www.villaelisaaldia.com.ar

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